
Esa mujer agitanaa
que con su gracejo y su pañuelo,
un día me deslumbró,
y entró sin llamar en mis sueños.
Se me escapó de las manos
no queriendo, ni pudiendo retenerla,
como el humo de un cigarro
que en el aire se dispersa.
Me tuvo más de cien noches
pensando en ella,
y todos sus soles
queriendo verla.
Esa mujer irá en mi corazón
miles de noches y sus días,
y en mi pensamiento,
el resto de mi vida.
Esa hembra indómita
me alucina todavía,
aún en la distancia,
quiero que siga siendo un poco mía.
Quiero verla deslumbrar,
deseo que sea feliz,
quiero sentirla –bien-
aunque no sea para mí.
que con su gracejo y su pañuelo,
un día me deslumbró,
y entró sin llamar en mis sueños.
Se me escapó de las manos
no queriendo, ni pudiendo retenerla,
como el humo de un cigarro
que en el aire se dispersa.
Me tuvo más de cien noches
pensando en ella,
y todos sus soles
queriendo verla.
Esa mujer irá en mi corazón
miles de noches y sus días,
y en mi pensamiento,
el resto de mi vida.
Esa hembra indómita
me alucina todavía,
aún en la distancia,
quiero que siga siendo un poco mía.
Quiero verla deslumbrar,
deseo que sea feliz,
quiero sentirla –bien-
aunque no sea para mí.



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ResponderEliminarQuerido Javier, denotas desprendimiento y sentimientos generosos.
Un bes♥
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