
Lo que fue enfrentarme a un ajuste de cuentas
-verbal, pacífico y no con violencias-
“sólamente pidiendo cuentas”.
Se convirtió después en el transcurso de la tarde
-de aquí para allá-...
con algún que otro trago
¡en mi vergüenza!
vergüenza propia y no ajena,
“cada vez que hago mal”
mi conciencia –me dicta sentencia-
no por lo que piensen los demás
-sino que admito mi culpa- “y la penitencia”.
...En el camino...me encontré con amigos
y nos fuimos a cenar
“en la sobremesa –a tertuliar-“
y un poleo-menta para acompañar.
Después de pub en pub
-y música de la que da tranquilidad-
fueron quitando “mis penas”
hasta ahogarlas.
Y una mujer-amiga
-a eso del alba-
me invito a su almohada
-y veló mis sueños-
hasta el sol que de nuevo caía...
caia hacia la noche
y mis ojos se abrían...
¡qué delicia!
...ante “una bandeja de plata”
-llenita de ambrosías-
“y una voz amiga”.
Con la que hablé...
del día y de la noche
“y de esta amanecida”
...de el haber pedido cuentas,
y de los tragos,
de la cena y la tertulia,
de la música tranquila,
de la almohada,
del despertar cuando la noche caía...
“de la bandeja de plata” y sus ambrosías.
Me ayudó a hacer balance
y me despidió “con un –nos vemos otro día-“.
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6 de enero de 2009
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CUANDO METO LA PATA ME GUSTA DISCULPARME.Javier
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